Pues en mi adolescencia, fui ciertamente un jovencito relleno. Un gordo, yendo al punto. Sin ser despectivo, es la forma mas directa de describir a mi yo de los 13 a 17-18 años. Como diría Milhouse: "Primero comencé a engordar, y luego engordé".
Y durante toda la secundaria, aunque un poco auto-castigado por una baja autoestima, tampoco me esforcé demasiado por revertir mi situación. Y hasta me propuse una idea, la cual, porque Dios intervino y permitió este proyecto, logre realizar con una exactitud bastante desconcertante.
Me propuse en mi mente: "Cuando la escuela termine... voy a ser flaco. Ahí me voy a esforzar y ser alguien distinto al que soy hoy, en la etapa escolar".
Y así hice.
Termine la secundaria, y en el primer trabajo, esforzándome el doble de lo que se me exigía, corriendo, trabajando, moviéndome, cargando cosas de aquí para allá.... sudando, y cuidando una dieta aceptable... Al año era mucho mas delgado...
Y cuando quise recordar, el hombre que estaba frente a mi en el espejo, era un tipo realmente diferente.
Bueno, basta, algo acostumbrado en mi, es desviarme del tema. Todo el tema de mi cambio de imagen lo dejamos para un futuro post.
El enfoque de este, trata de mi agrado por las caminatas, Si es mucho tiempo mejor, No por deporte ni por querer ser el mayor caminador del mundo, Simplemente, una vez tuve las ganas de salir a caminar, y lo hice. Y me decía: "Si pudiste llegar hasta este punto, podes hacer una cuadra mas"
unas cuantas caminatas de 100 cuadras he hecho, tampoco demasiadas,
Es interesante el hecho de poder tener un momento solo, caminando, tan solo observando el alrededor a medida que se mueve a la espalda, y las esquinas van siendo dejadas atrás y otras cosas van saliendome al encuentro. Gente, vehículos, negocios, carteles, pantallas, cielos, techos, paredes, edificios, casas pequeñas, zoológicos, centros urbanos, campos, tormentas y tantas cosas mas.
O andar en la compañía de unos auriculares sonando en los oídos, con la música que va pasando al azar sorprendiéndome la elección de la aleatoriedad, o de vez en cuando, alguien con quien se da una buena conversación, o alguien tan especial, que aunque no se digan palabras el corazón siente alegría tan solo por la cercanía de aquella persona que tenemos la posibilidad, casi única, de elegir por nosotros mismos. O con un empujoncito del que todo ya lo sabe, para ganar un grano mas en sus manos y a la vez... dar una ola que refresque la cara del que ya tan cansado anda caminando por la ciudad que le rodea.
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